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EDITORIAL · LECTURA LIBRE

Qué podemos cambiar y qué falta por saber

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Hoy hay resultados para detenerse un momento: sustituir parte de la quimioterapia en leucemia pediátrica, evaluar una opción oral en artritis psoriásica y espaciar la vigilancia después de retirar adenomas. Tres decisiones distintas, con datos que ayudan a precisar hasta dónde podemos llegar.

Leucemia pediátrica: sustituir dos ciclos cambia el resultado

En niños con leucemia linfoblástica aguda de células B de alto riesgo recién diagnosticada, un ensayo evaluó reemplazar dos ciclos de quimioterapia después de la consolidación por dos ciclos de blinatumomab.

Se aleatorizaron 709 pacientes. En un análisis intermedio, con una mediana de seguimiento de 2,9 años, la supervivencia libre de eventos estimada a cuatro años fue del 83,0% con blinatumomab frente al 70,3% con quimioterapia. Los autores concluyen que sustituir esos dos ciclos mejoró significativamente este desenlace. Ver estudio.

La seguridad también merece una lectura completa. Hubo menos infecciones relacionadas con el tratamiento y menos eventos potencialmente mortales con blinatumomab, pero más eventos neurotóxicos: 12,0% frente a 3,2%.

Para hematooncología pediátrica, lo interesante es la precisión del cambio: se reemplazaron dos ciclos concretos dentro de un protocolo. El resultado aporta evidencia sobre esa sustitución y sobre el perfil de toxicidad que la acompaña.

Artritis psoriásica: una opción oral con resultados a un año

El ensayo fase III POETYK PsA-1 evaluó deucravacitinib, un inhibidor oral selectivo de TYK2, en 670 adultos con artritis psoriásica activa que no habían recibido tratamientos biológicos.

A las 16 semanas, el 54,2% alcanzó una respuesta ACR20, una medida de mejoría clínica de al menos el 20%, frente al 34,1% con placebo. Las respuestas aumentaron hasta la semana 52. Los autores concluyen que hubo superioridad frente a placebo en respuesta clínica, resultados reportados por los pacientes e inhibición del daño estructural, con tolerabilidad y seguridad favorables. Ver estudio.

Hay dos detalles para interpretar bien el seguimiento: desde la semana 16, quienes recibían placebo pasaron a deucravacitinib, y el análisis del daño estructural fue post hoc. Por tanto, la comparación con placebo y la evolución hasta el año aportan información diferente.

Es una lectura útil para conversar sobre las opciones orales en esta población. El estudio no comparó deucravacitinib directamente con un biológico.

Colonoscopia: ¿la primera vigilancia puede esperar cinco años?

Después de retirar adenomas de alto riesgo, el intervalo hasta la siguiente colonoscopia tiene consecuencias para el paciente y para la capacidad del servicio. El ensayo EPoS II comparó comenzar la vigilancia a los cinco años con hacerlo a los tres; este último grupo también recibió una colonoscopia a los cinco años.

Entre 10.799 participantes, la incidencia acumulada de cáncer colorrectal a cinco años fue del 0,77% con vigilancia menos frecuente y del 0,82% con vigilancia más frecuente. El análisis cumplió el criterio predefinido de no inferioridad. Ver estudio.

La conclusión de los autores se refiere expresamente a este análisis intermedio: comenzar a los cinco años fue no inferior respecto a la incidencia de cáncer a cinco años en pacientes con adenomas de alto riesgo. El ensayo continúa y su desenlace principal corresponde a los diez años.

Es un resultado relevante para revisar los intervalos de vigilancia. La conversación sobre espaciar procedimientos ya tiene datos aleatorizados, aunque todavía falta conocer el resultado a más largo plazo.

Hasta aquí la lectura de hoy. Mañana seguimos con más hallazgos y temas para conversar.